Estudio Soccer City, Johannesburgo. Minuto 34 del primer tiempo. El flaco Di María se prepara para recibir el pase de su compañero, cerca del círculo central. Se sabe rodeado. Frena la pelota. La cámara de la televisión lo enfoca, la imagen se congela: Di María y la pelota. La pelota y Di María. Todo parece previsible. De pronto, la escena cambia. En el cuadro sólo puede verse a un jugador coreano. Su vista parece perdida en el horizonte. Su rostro refleja confusión, quizás desengaño.
Dicen, los que pudieron ver, que el flaco eligió besar la pelota con el empeine. Dicen también que la pelota pasó entre las piernas del hombre de rojo, que había llegado para llevársela. Dicen que el hombre de rojo no respetó el axioma de Pernía: “pasa la pelota o pasa el jugador, las dos cosas no”.
Agregó, el director de cámaras a cargo de la transmisión, que no puede adjudicarse a un error humano la imposibilidad de captar la escena completa. Y que la producción intenta obtener un video de las cámaras de seguridad del estadio, que podrían haber captado el momento.
Dicen, los arqueros que custodian los arcos por estos días, que es la Jabulani, que está endiablada.
Dicen, los hombres de traje – y cuyos trajes portan el escudo de la FIFA – que no están seguros de que lo que hizo Di María pueda considerarse ‘Fair Play’. “No habíamos previsto este tipo de situaciones”. Temen que Corea pueda hacer algún tipo de reclamo por lo sucedido. Uno de sus jugadores no puede dormir. Dice que sueña con una pelota que se acerca a él lentamente. Y desaparece.
Dicen que, desconcertados, los hombres de traje decidieron consultar a una anciana zulú. Los zulús buscan influir positivamente en el mundo de los espíritus invocando a sus antepasados, a los que llaman Amadlozi. Son las mujeres las encargadas de hacerlo, mediante procesos de adivinación.
La mujer observó las carpetas llena de fotos y recortes que le llevaron los hombres de traje. La puso delante de sus pies, encima de un improvisado altar. La mujer pareció entrar en trance, y de su boca salieron palabras. Algunas de ellas inentendibles para los hombres de traje, como parte de un lenguaje tribal. Otras pudieron reconocerlas. Moreno, Garrincha, Di Stéfano, Houseman.
Luego, todo quedó en silencio. Los hombres de traje se acercaron, ansiosos de escuchar por fin una explicación.
“Hay cosas que no se puede adivinar” sentenció la anciana, y los invitó a retirarse. Se quedó, eso sí, con la foto de ese pibe flaco, vestido de azul y amarillo.
Estudio Soccer City, Johannesburgo. Minuto 34 del primer tiempo. El flaco Di María se prepara para recibir el pase de su compañero, cerca del círculo central. Se sabe rodeado. Frena la pelota. La cámara de la televisión lo enfoca, la imagen se congela: Di María y la pelota. La pelota y Di María. Todo parece previsible. De pronto, la escena cambia. En el cuadro sólo puede verse a un jugador coreano. Su vista parece perdida en el horizonte. Su rostro refleja confusión, quizás desengaño.
Dicen, los que pudieron ver, que el flaco eligió besar la pelota con el empeine. Dicen también que la pelota pasó entre las piernas del hombre de rojo, que había llegado para llevársela. Dicen que el hombre de rojo no respetó el axioma de Pernía: “pasa la pelota o pasa el jugador, las dos cosas no”.
Agregó, el director de cámaras a cargo de la transmisión, que no puede adjudicarse a un error humano la imposibilidad de captar la escena completa. Y que la producción intenta obtener un video de las cámaras de seguridad del estadio, que podrían haber captado el momento.
Dicen, los arqueros que custodian los arcos por estos días, que es la Jabulani, que está endiablada.
Dicen, los hombres de traje – y cuyos trajes portan el escudo de la FIFA – que no están seguros de que lo que hizo Di María pueda considerarse ‘Fair Play’. “No habíamos previsto este tipo de situaciones”. Temen que Corea pueda hacer algún tipo de reclamo por lo sucedido. Uno de sus jugadores no puede dormir. Dice que sueña con una pelota que se acerca a él lentamente. Y desaparece.
Dicen que, desconcertados, los hombres de traje decidieron consultar a una anciana zulú. Los zulús buscan influir positivamente en el mundo de los espíritus invocando a sus antepasados, a los que llaman Amadlozi. Son las mujeres las encargadas de hacerlo, mediante procesos de adivinación.
La mujer observó las carpetas llena de fotos y recortes que le llevaron los hombres de traje. La puso delante de sus pies, encima de un improvisado altar. La mujer pareció entrar en trance, y de su boca salieron palabras. Algunas de ellas inentendibles para los hombres de traje, como parte de un lenguaje tribal. Otras pudieron reconocerlas. Moreno, Garrincha, Di Stéfano, Houseman.
Luego, todo quedó en silencio. Los hombres de traje se acercaron, ansiosos de escuchar por fin una explicación.
“Hay cosas que no se puede adivinar” sentenció la anciana, y los invitó a retirarse. Se quedó, eso sí, con la foto de ese pibe flaco, vestido de azul y amarillo.
Deje su respuesta!